13

Feb

2022

Artículo de opinión

El 14 de febrero, los puntos sobre las íes

Luchemos con ilusión en la transformación y mejora personal pendientes, mirando más la viga propia que la paja ajena. El efecto positivo expansivo que redundará en aquellos que te rodean, te conocen y aman es impensable.

Por Mariela García Rojas. 13 febrero, 2022. Publicado en El Peruano, el 12 de febrero de 2022.

A diferencia de otros asuntos, el amor humano siempre es protagonista; nunca es temática desactualizada ni carente de interés. Todos tenemos un gran romántico dentro. El 14 de febrero es una circunstancia que no incide radicalmente en el amor; interviene como recordatorio de su relevancia atemporal. Gracias San Valentín; pero, ahora es turno de quienes habitamos este espacio, con distintas dotes, en cuanto a amadores se trata.

Se requiere de valentía y de sabiduría en la conducción del amor conyugal y, aunque es bien sabido que dos cabezas piensan mejor que una, está demostrado también que dos, que se aman porque se han entregado, disponen de una inusual fortaleza humana y espiritual, para sortear las aguas tranquilas y las olas embravecidas. Al matrimonio llegamos con grandes expectativas de ser felices. Los experimentados dirán que aprendieron a serlo tan pronto descubrieron que, hacer feliz al otro es la cereza de la torta. Nadie nace sabiendo.

La vida es para los valerosos. Más allá de descansar confiados en la actuación de cupido, todo matrimonio podría realizar la introspección de su amor conyugal. ¿Cómo? Con desnudez espiritual y con ánimo esperanzado y optimista. Dos que se aman han de procurar, periódicamente, profundizar juntos en lo vivido, en la felicidad y la prosperidad experimentadas; en los aprendizajes adquiridos y en lo mucho que han logrado juntos. Así como de los aciertos, hay que hablar también de los infortunios, de las preocupaciones -si no, desgracias-, de las desventuras y adversidades materiales, de las dificultades, tristezas y dudas. Permítanse adentrarse mutuamente en lo más íntimo de su amor y del otro, con finura, respeto y ternura desmedida. De ese develamiento saldrá mucho bien y más comprensión y caridad. El amor es el servicio desprendido a otro. El perdón y la reparación tienen espacio reservado en la relación matrimonial.

Para un marido y su mujer, todo lo vivido constituye eslabones de una cadena que los hace inmensamente libres para continuar. Se necesita adquirir o desarrollar habilidades expresivas -y tantas otras-; y, sobre todo, virtud. Su ausencia cedería el paso a lapidar el amor y elevar el egoísmo en sus múltiples formas: infidelidad, mentira e irresponsabilidad frente al débito suscrito.

Basta vernos, y mirar alrededor, para comprobar que los esposos son protagonistas con estilo conyugal propio. Los hay elocuentes, expresivos y cariñosos; los desconfiados y celosos; los susceptibles y caprichosos; los que se adivinan, los tímidos y sencillos, los que sometidos al tiempo se olvidan, distancian y mueren en vida. Están también los de tradición y raíces autoritarias o los que optan por decisiones consensuadas.

Los responsables directos, y de primerísima línea, de la restauración del amor, de seguir caminando juntos hacia la renovación de la vida matrimonial, hacia su avance y de no permitir su estancamiento son él y tú; tú y ella. El poeta Corcuera nos recuerda en qué consiste la prelación hablando del amor: Las cosas sobre la tierra, mi pensamiento sobre las cosas. Tú sobre mi pensamiento.

Creemos en el amor, vivimos esperanzados por conocerlo, alcanzarlo y disfrutarlo; sin embargo, no siempre actuamos con absoluto convencimiento, como quien en verdad cree.

La búsqueda y reflexión científicas, la formación, la difusión del conocimiento, así como la asesoría y capacitación para contribuir a la mejor comprensión y edificación de los amores y vínculos familiares (el conyugal y los consanguíneos) constituyen la puerta de entrada a la madurez e integridad individual, así como del más pleno desarrollo de la civilización humana.

La vida, la matrimonial también, se nos presenta con toques de dolor y de gozo y reclama una respuesta reiteradamente afirmativa: tú, yo, “hasta la infinitud más infinita”, aprovechando el lenguaje del poeta.

Luchemos con ilusión en la transformación y mejora personal pendientes, mirando más la viga propia que la paja ajena. El efecto positivo expansivo que redundará en aquellos que te rodean, te conocen y aman es impensable. Mucho de lo bueno que es posible está en tus manos. La vida no está para vivirla superficialmente; el tiempo pasa y la esperanza apremia.

Empezando por los matrimonios, por los esposos, del Perú y del mundo entero, en el Día del Amor extiendo mi felicitación y gratitud a quienes contribuyen desde distintos frentes, con su vida y con su trabajo, a izar la bandera de la grandeza del amor humano. Sus beneficios los palparemos todos.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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